martes, 27 de enero de 2009

Athos (0-10)

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Sé que no debería, pero me siento el heraldo del destino, la encrucijada de los mundos, el último abanderado. Antes no sabía cuál era mi lugar en el universo, ahora me reconozco como punto geodésico de pequeñas personas que me importan como si en sí fueran razas o planetas enteros. Silvia me quiere a rabiar y todos están pendientes de mis movimientos como si fueran las piezas de un ajedrez gigante y yo el gran maestro.
A veces para crecer hay que afrontar retos más grandes. Ahora comprendo que mis miedos se debían a la falta de gravedad. Mi adversario hoy es infinito y por ello también yo me he hecho inmenso. No importa cómo, mi con qué pretexto, pero acabaré abriendo esa enigmática puerta turquesa. Necesito ciertas respuestas, y todas se aglutinan tras esas láminas de roble mal pintadas. Si la vida es una pieza teatral, allí se encuentra el backstage, el manual de instrucciones, el otro lado del túnel, el umbral entre lo divino y lo humano, entre lo tangible y lo mítico. ¿Estaré mentalmente preparado para afrontar todas las revelaciones de sopetón? ¿Deberé confiarselas a Silvia y hacerla también la elegida? ¿O sólo yo soy digno de la sabiduría eterna? La energía fluye por mis venas. Siento como mi intensidad crece por momentos. Pronto estaré preparado para desentrañar los dilemas cósmicos. Aunque tal vez el mundo no esté preparado para comprenderlos. Bah, eso es algo que ya dirimiré más tarde. De momento lo único que importa es atravesar la puerta turquesa y echar un vistazo a los borradores de Dios.

1
Lo primero que se pregunta la gente al oír “Athos” es su significado. Para algunos es el nombre de un coche, para otros un famoso personaje de Aejandro Dumas. Cuando les digo que es mi nombre las especulaciones se disparan. Yo nunca revelo su origen. Creo que me da un aire misterioso y original. Algunos se ríen de mi secretismo y otros disimulan sus suposiciones. Yo sé que todos se quedan rumiando en silencio, aunque no lo admitan.
A veces creo que se chotean a mi costa, pero al momento siguiente lo atribuyo a mis paranoias. Tengo un poco de manía persecutoria. No lo puedo evitar. Tengo quince años y muchas dudas, pero aparento controlarlo todo. No soy muy popular, pero intento sobrevivir en el instituto, mi jungla particular. En casa es diferente. Soy un niño a veces y un hombre otras. Nunca me ven como a un chico de quince años. Tampoco es un problema. En casa me siento importante, sobre todo con mi tío Óscar.

2
Creo que me voy a suicidar. No quiero volver al instituto después de lo que ha pasado hoy. Sólo quiero morirme o desaparecer de la faz de la tierra. Ojalá pudiera despertar mañana en Dublín, Kinshasa o Perú, cualquier capital está bien. Mamá me ha preguntado ya tres veces qué me pasa, pero yo no quiero hablar. Yo sé que lo sabe, la madre de Juan ha estado aquí y se lo ha contado fijo. Marta nos ha puesto en parejas y como somos impares a mí me ha tocado con ella. No he podido evitar mirarle las tetas cuando se ha agachado. ¡Qué vergüenza! Todos se han reído y han empezado a decir “¡Athos le está mirando las domingas a la de gimnasia!” Se me ha ido la vista. No he podido hacer nada. Ojalá no se hubiera inclinado. Hasta Silvia se ha cachondeado sin remedio. Si me hubiera tocado con Juan no hubiera ocurrido, pero el muy gilipollas se ha compinchado con Miguel. ¡Cabrones! Y encima Marta estaba tan colorada como yo. No puedo volver a mirarla a la cara. Para una profesora que me cae bien y la cago. No quiero vivir. Ojalá tuviera valor para cortarme las putas venas.

3
Ha pasado una semana desde lo de la de Educación Física y las cosas han mejorado bastante. Hasta ayer había muchas risas pero hoy, misteriosamente, todos se han olvidado del asunto. Hoy hemos tenido otra vez gimnasia y ya me he atrevido a mirarla a la cara. Le he notado que a ella también le ha costado. Para ser profesora es muy vergonzosa. Todo esto no hubiera pasado si en lugar de ser tres amigos fuéramos cuatro. Siempre somos impares. Pero bueno, lo interesante ha venido después. Silvia me ha hablado por primera vez sin pedirme los apuntes de Historia o un folio de anillas. Estaba más tierna y simpática que nunca. Bueno, ella siempre es dulce, pero conmigo siempre ha sido fría y distante, no sé si porque no le caía bien o por inseguridad. Hemos hablado un par de cosas tontas, la serie de ayer y el examen del jueves, y luego me ha preguntado por mi nombre. Yo le he dicho que es una larga historia, y que algún día se la contaré. Está claro que está interesada en oírla, pero me voy a hacer de rogar un poco.

4
Silvia sigue siendo amiga de los pavos de la clase, pero ahora a veces habla conmigo. Lo que me gusta es que lo hace siempre a solas. Dicen Miguel y Juan que es para que los guays no se burlen de ella. Yo creo que es porque está interesada en mí. Es complicado pero las mujeres a veces no ven el desparpajo o la popularidad, sino el interior. Creo que mi Silvia está descubriendo el mío. Dice el mamón de Juan que en cuanto le diga de dónde viene Athos se irá corriendo a rajárselo a los guays y no volveré a verla en la vida. Confieso que a veces siembra la duda en mí, pero luego veo un poquito de envidia. Ninguna chica se ha fijado nunca en él, y menos una de las más atractivas y carismáticas como Silvia. No sé, igual tiene celos de mí y teme perderme. En cierto modo lo puedo entender, pero yo nunca dejaré tirados a mis amigos, aunque Silvia y yo acabáremos siendo la pareja del instituto.
5
Ha pasado mucho tiempo desde que Silvia y yo éramos desconocidos. A día de hoy es mi mejor amiga y creo que ya empiezo a ser algo más para ella. Hablamos de un montón de cosas, también de sexo, aunque nunca hacemos alusiones directas. Siempre que nos vemos nos damos dos besos. El otro día giramos ambos la cara para el mismo lado y nuestros labios se rozaron de vellón. Fue un poco incómodo, pero muy bonito. Si no hubiéramos estado en el pasillo de cuarto a lo mejor acabábamos mal, ¡quién sabe! Silvia es mucho más insegura de lo que parece y tiene un montón de dudas. Me encanta aconsejarla cuando me pide opinión sobre los asuntos más dispares: La amistad, cómo estudias mates, grupos musicales, internet, incluso qué ropa le queda mejor.

6
¡Qué estúpido ese Román! Piensa que es alguien y que todo el mundo tiene que hacer lo que él mande. No soporta que Silvia y yo seamos íntimos. Está claro que tiene celos. No es el único. Juan hace tiempo que no me habla y Miguel está pelusón porque según él paso mucho tiempo con la guay. Le da igual que le diga que Silvia no es de los guays, que sólo son compañeros y que ella tiene mucho carisma y se lleva bien con todo quisque, sean los guays o los hippies. A propósito, dice Miguel que nosotros también tenemos mote, que nos llaman los frikis. Me parece que no se da cuenta de la situación, yo no soy un friki. Soy como Silvia, no pertenezco a ningún semigrupo. Estoy por encima de eso. Son un poco egoístas, no aguantan que esté empezando una relación de verdad con una diosa.

7
Lo que ha pasado hoy ha sido increíble. ¡Silvia y yo hemos ido a su casa a estudiar matracas! Hemos estado sólos en su salón. Si no ha pasado nada es porque Dios no ha querido. Bueno, que me estoy yendo del tema. Me ha vuelto a preguntar qué significa Athos – es la cuarta vez que me lo pregunta en cinco semanas – y me ha acariciado el pelo con mucha ternura, como si fuéramos hermanos o algo más. Yo me he vuelto a hacer el misterioso y ella ha resoplado con impaciencia. He recordado lo que dijo Juan cuando aún nos hablábamos, que ella sólo quería saber de dónde viene mi nombre. ¡Incluso aventuró que igual era una apuesta! Este Miguel vive en los mundos de la KGB. La gente no es así de retorcida. Yo sé que lo que hay entre Silvia y yo es auténtico. Que me vuelvo a ir. Estábamos muy cerca y al no querer decirle de dónde viene Athos ella se ha enfriado alevosamente. Igual es un poco caprichosa. Luego se le ha pasado el enfado y ha vuelto a estar cercana. Me ha dicho que el próximo día me enseñará la casa. Luego ha añadido que nadie ha visto su casa, menos el idiota de Román. Me siento un privilegiado.

8
No puedo quitarme de la cabeza esa puerta de color verde azulado. ¿Por qué Silvia no me ha dejado entrar? Sólo quería echar un vistazo. Seguro que es algo importante. Tal vez tenga un pasado oscuro e imborrable. Ya sé. Allí murió su abuelo y no han vuelto a usar la habitación. Tampoco la necesitan. Joer, nunca había estado en una casa tan grande. Vale, vieja, pero con un toque así retro. Silvia dice que es cutre, yo la veo con señorío. ¡Qué habrá en esa puerta, Dios! No sé cómo, pero yo he de entrar allí.

9
Hijoputa. Cabrón bastardo de mierda. Ojalá te mueras, Román. Te vas a acordar de mí. Lo que más me jode es haberle mentido a mamá. No puedo decirle que me han dado un rodillazo en la cara. Hijoputa, hijoputa, hijoputa. Y mientras sangraba Silvia ha venido a ayudarme, él le ha pegado un grito y ella me ha dejado. Malnacido. No sé que deudas tiene Silvia contigo pero la voy a librar de ti, cerdo inmundo, saco de mierda hirviendo. ¡Cómo te odio! Y cómo me duele que Silvia no me haya defendido hasta el final.

10
Tío Óscar siempre tiene razón. Está claro que tengo que hablar con la directora civilizadamente, no reventarle la cabeza a Román. Pero es que se merece una ostia en los cojones pero con un martillo percutor. Por lo menos Silvia ha vuelto a hablarme. Tal vez debería haberle dirigido la palabra. Pero no, que se dé cuenta que a mi no se me deja de lado. Tiene que aprender que los que somos íntegros no nos vendemos. Necesita un poquito de humildad. No obstante no tardaré en perdonarla, en el fondo es buena chica.

3 comentarios:

  1. Athos, Porthos y Aramis

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  2. Efectivamente. Athos es un relato por entregas. De momento solo hay 9, pero la existencia de Athos ya no volverá a ser igual de tediosa.

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